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CICLISMO Llévame en tu bicicleta I
Aníbal Gutiérrez, el colombiano que fue récord en Balcarce
Hace 30 años giró en bicicleta durante 50hs seguidas por avenida Kelly estableciendo un récord inédito hasta entonces. Ya había logrado marcas en otros pueblos, pero aquí empezó en medio de la desconfianza. Al final terminó siendo una celebridad. INFORME.


El nombre de José Aníbal Gutiérrez se hizo público para los balcarceños en febrero de 1990, cuando el diario “El Liberal” y Radio Balcarce anunciaron una novedad histórica: un pedalista de velocidad tratará de cumplir un récord de permanencia de 50hs continuas en bicicleta sin tocar el piso ni un instante. El lugar de tránsito sería por avenida Kelly de 19 a 21 y el retome a la inversa. A muchos la noticia les pareció una locura, más en una época donde en la ciudad pasaba poco y nada. Las opiniones eran diversas: poco se sabía de este ignoto ciclista que cayó un día, recorrió negocios y buscó apoyo para su aparente hazaña.

 

Sin embargo, Gutiérrez no era ningún improvisado. Nacido en Manizales (Colombia), fue corredor amateur, con algunas preseas locales, precursor del Mountain bike, pero sobre todo recordman en permanencia. En la primera parte de los ’80 había logrado completar 60hs consecutivas en González Chaves y Benito Juárez y más tarde subió la vara a 76hs en Tres Arroyos. Allí todavía se lo recuerda como un deportista heroico que habría inspirado a Héctor Del Valle a componer “Las mil millas bonaerenses”. De manera que 50hs para el hombre no fueron nada. Solo un espectáculo inédito para los ojos locales ávidos de acción.

 

 

 

En bici de caño alto, y con pañales descartables

 

A las 16 de aquel día de febrero, había muy poca gente en la avenida Kelly. Era viernes, día de trabajo. Gutiérrez se calzó un pañal descartable, se vistió y anunció a la prensa que solo se alimentaría con líquidos a base de jugos de frutas y sopas además de algunos caramelos y chocolates para mantener las calorías. Despacito, con una bicicleta de caño alto común encaró el hombre, cada tanto acompañado por eventuales ciclistas o atletas. Para Gutiérrez era como pasear por la Kelly una y otra vez. Sus pilchas claras, de detalles coloridos muy tenues empezaron a atraer a propios y extraños que lo vieron girar.

 

¿Qué habrá pensado en esas 50 horas? ¿A qué rincón inimaginable habrán volado sus pensamientos para escapar de la monotonía de su mente y del camino y para alejarse del cansancio de su cuerpo? ¿Qué habrá sentido cuando el esfuerzo comenzó a hacer mella en su espíritu? El pico máximo de gente se juntó llegando a la medianoche, pero para las 3 o 4 de la mañana ya no había nadie y el colombiano siguió girando. A la mañana siguiente ya había más gente alentando y acompañando. Gutiérrez parecía un autómata al que cada tanto debían aplaudir para que no cayera dormido, y recién había cumplido la mitad del objetivo.

 

A las 18 del domingo, la bandera a cuadros apareció frente a los ojos de José Aníbal Gutiérrez como un bote salvavidas en el océano. Cuando bajó de la bicicleta y fue llevado en andas por el público presente, aturdido aun por el cansancio y el esfuerzo, no tuvo la sensación de haber logrado algo, solo sintió el alivio de no tener que pedalear más. Una ambulancia lo esperaba para llevarlo hacia el hospital para evaluar su condición física y en óptimas condiciones regresó a la avenida, lo subieron al autobomba de los Bomberos y recibió el cariño de todos. La hazaña quedaría en la historia de los eventos locales.

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INFORME ESPECIAL
autor: REDACCION
fotos: ARCHIVO EL LIBERAL


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